Memoria Amnesia

A pesar de mi amnesia, recuerdo con precision aquel momento en el que senti por multiple ocasion una triste decepcion. Entre la tertulia que conformabamos, entre el vaiven de palabras sin sentido y carentes de proposito, simplemente no deciamos nada mas que palabras arrojadas al espacio que nos arropaba, la densidad de aquella platica fue tal que los ecos resonantes de otras tertulias que jugaban con la nuestra poco a poco se fueron haciendo mudas, y los ojos empezaron a parlotear, en ese momento tu voz y mi voz se separaron y se formo una platica anhelada entre mi presencia y la tuya.
Recuerdo un segmento en mi vida, en la que de aventurero junto con otros mas osados que yo, discurriamos sobre Sartre, Marx, Hegel, Camus y Borges en los casquetes polares de la Antartida, mientras pescabamos algo, cercas de las tiendas de acampar, bebiendo escoces puro,con un frio medular prepotente, cai en hielo blando,me paralice, pedi ayuda, me pidieron que no me moviera… fue en vano,mi peso pudo mas que aquel hielo, y me precipite en aquellas aguas que sin duda alguna oscilaban entre los 30 a 50 grados bajo cero; no puedes pensar en nada, solo puedes pensar en patalear sin cesar, en seguir moviendote y que tu cuerpo siga temblando como mecanismo de defensa para no morir por hipotermia, el agua golpea tu cuerpo como si fueran miles de agujas incidiendo en aquel monton de carne a punto de cesar. Asi sentia tu evasiva prepotente y repulsiva, destruyendo todo y cada uno de los pilares que habia logrado edificar tan solo para tí y por tí.

En tu retórica evasiva me preguntaba en silencio una y otra vez, ¿acaso existe la necesidad que me desprecies? ¿Y si existiese esa necesidad o esa opcion, por que no optar por otra necesidad u otra opcion, como si despreciar fuera la unica en el mundo?. Mi conciencia se retorica en sus adentros, sentia que me elevaba por momentos, pero mas bien parecia un polluelo recien nacido, en un segundo de tu retorica vi nuestros momentos juntos, contemple duramente tu sonrisa, tu mirada de cristal, tus manos, tu vientre de paloma, tus abrazos, tus besos de despedida que en mas de una ocasión me dejaron perplejo ante el mundo, tus desplantes de niña mimada, tus caprichos y berrinches inexplicables a mi inteligencia y conciencia elevada; despues de ese momento del estropicio, todo quedo mudo, un silencio sepulcral nos invadia con inteligencia, supo como llegar y acomodarse entre nosotros cual si fuera una enfermedad del alma.


Mientras estabas apoltronada en aquel sillon me acerque a tu, contemple lentamenta y de cercas tu rostro, y es fecha que sigo creyendo que tu piel tenia un curioso color a algas marinas, verdoso y transparente, tus cosas tiradas en el suelo sentias mi presencia mas cercas de la tuya, notaba tu respirar agitado en tus grandes pechos, que se expandian y retrain cual si fueran unos pistones enormes, y mi precencia cerca la tuya comprobo tu excitacion al dejar escapar un leve bullicio de tus labios, cual si fuera un quejido de placer o de angustia mal intencionada, solamente lo escuche y me dirigi a tu oido derecho, sesgando tu cabello para adentrarme al caracol y meterme a tu mente, me sente en algun zurco cerebral, me deja succionar por ellos, busque dos juntas sinapticas, las tome, las junte, y entre junta y junta, exclame, “Se que no naci yo para ti, pero que puedo hacer, si ya te quiero”.
Desues de cinco minutos de ausencia, vi tu partida, te volviste a despedir con un tierno y calido beso, sin recibir el reciproco, senti como tus labios, finos y acerezados, se clavaban en mi mejilla derecha, un poco mas abajo del pómulo, tu aroma de angel me hacia retorcerme de placer, y un triste y seco adios colmo mi paz, y tu mano derecha deslizandose suavemente por mi rostro; todo se estaba convirtiendo en una catarsis.

Por último, solo escuchaba en aquel salon, tus tacones, tus pisadas y la estela de aroma a flores de primavera que te iba siguiendo queriendo escapar de tí, solamente pasaron treinta segundos despues de haber cruzado el umbral de aquella puerta, cuando fui corriendo a tu presencia, pronunciando emparpajadamente tu nombre sin cesar,me percate que te detuviste, volteaste a contemplarme y presencie en tu mirada una solemnidad pura, llegando a tus pies, pusiste tus manos en mi pecho agitado, mas no de excitacion, sino de cansancio; pronunciaste mi nombre, tocaste mi cara, mi alma lloro, mucho gusto soy quien te adora, te pregunte si te marchabas para no regresar, me dijiste que no, mas bien no lo sabias, y solo esta frase circundo por mi mente en aquel momento, y acerque mis labios a los tuyos y solo se pronunciaron estas palabras:

“Si te vas no vuelvas sin una razon”
Alejandro Duartte Lallenmand

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