La Muerte nos Abriga

Quizas uno de los temas a los cuales el mexicano común y corriente no se atreve a dialogar, o mas bien, no le nace, quizas lo evada, quizas es puro miedo, quizas es la puta indiferencia que sentimos cada uno de nosotros a la misma muerte, quizas no la podamos evitar, pero eso no quiere decir que no platiquemos de ella, al contrario, más bien deberiamos de invitarla todas las noches a nuestra nostalgia cargada de celos y envidias, quizas para que nos abrige con cuidado y amor eterno que la misma muerte siente por nosotros a nosotros por la vida que llevamos, que quizas muchas veces la vida que llevamos no es nuestra y solo estamos aquí malgastando y tirando a la basura tiempo que no es de nosotros, y pertence a alguién mas.
La persona mexicana es eceptica por naturaleza, lo embarga la insensatez, la locura como a los europeos que les quema los labios pronunciar muerte; en cambio a mi me fascina y lo he pensado una y mil veces, mi deseo y aspiracion a una vida espiritual mas plena, mas sutil, despertar mis ocho sentidos, sentirme completo y poder regresar a la vida que tenía antes de la vida despues de la muerte.
Estaba un servidor platicando de la muerte con un boleador de zapatos y le cuestione acerca de la muerte del algún pariente criticamente, la muerte de su madre, y note la colera que lo embargaba, una colera que me excito, el poder contemplar en sus ojos como la ira se iba apoderando de aquel ser pagano e iracundo y notaba en sus palabras y en la manera de realizar su trabajo, el desprecio que estaba sintiendo por mí, al cuestionarle sobre que haría si a su madre la mataran el dia de hoy, o que sufriera un accidente y perdiera la vida en un instante, imaginate que la atropellaran, preguntas tan inquisitivas que llega el punto que su tristeza murio y me contesta con estas palabras: “No jefecito, con la jefa no hay que meterse, ni desearle eso”; y por mi mente paso, “aborto del diablo, como me contestas de esta manera, infame, lo has pensado y no te arrepientes de ello” al finalizar su trabajo, yo el mio de pagarle, me retire, encendi otro cigarrillo, mientras caminaba en una tarde gris y me dije a mi mismo: “Conocemos el delirio, la cancion, el aullido, el dolor y el monologo simple, pero no el Dialogo”.
La muerte llama a la vida, a la muerte le pertenece la vida y viceversa. Yo he pensado muchas veces como debe morir mi madre, y si es ahora tiene que serlo así y no hare anda por impedirlo, ni llorare por un cuerpo que ya no tiene vida, presiento que cuando eso suceda, me quedare inerte, inerme, parco, recio, sintiendo como mi corazon se parte en dos, y como consecuencia de eso, suelte una carcajada al aire, quizas muriendo por dentro, o quizas viviendo por fuera.
Me quedo con palabras de Octavio Paz: “El mexicano en cambio la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor mas permanente.” Amo a Doña Macabra, espero que me visite pronto, quizas discurriremos sobre algún tema en especial, así como lo he hecho con Dios, al fin y al cabo los dos son uno y el uno son dos, no temo a nadie, solo quiero que me abracez.
La nada, que se miente forma y vida, respiración y pecho, que se finge corrupción y muerte, termina por desnudarse y, ya vacia, se inclina sobre sí misma: se enamora de sí, cae en sí, incansable muerte sin fin
Valéry

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