Exasperame o Expoliame

La verdad es una necesidad indefectible el escribir a plenitud, con sensatez y humildad para mi, para ustedes, y para nadie. A veces siento que me alejo de todo un poco, o siento como la gente no me entiende, y en ese momento es cuando me estoy alejando del mundo.

Me gusta discurrir de algún libro con alguien, con alguna persona que en realidad valga la pena. Es poner en una mesa el tópico incandescente de algún libro, después de una breve charla, un café, un capuchino, dialoguemos. Todo para que resulte tan ameno como cuando terminas un libro, y por más que le das vuelta al fin, sigues queriendo más y mas y la verdad es que ya no hay nada mas por leer, confórmate con leer “Fin” resultando un tanto desagradable.

Para nosotros, escritores independientes, quizás hasta de mala muerte como un servidor, nuestro estilo literario, ortográfico y demás que conforman el arte de escribir propio, no hace caer en muchos errores. Mal empleamos palabras para referirnos a ciertas situaciones que son tan simples como explicarlas o decirlas con una simple frase, pero muchas veces nuestro error es emplear palabras rimbombantes, o demasiado excéntricas, que los demás no hacen más que repetir lo que hemos dicho o quedarse con la duda y vivir con ella, aunque los pueda matar.

Recuerdo que alguna ocasión entrando a la bitácora del Ateo, leí por ahí, que el era una “victima orgullosa del anatema social”, la verdad hasta cierto punto lo puedo entender, pero no puedo decir que del todo, por que analizar a ese esperpento del infierno, es como estarle buscando lados al huevo, o el Ateo esta muy redondo pa’huevo, y ciertamente nada mas me remito a conocer lo que puedo.

Es un problema muy curioso, hasta cierto punto agradable, por que el escritor emplea ese tipo de palabras para que se vea más agradable la lectura, más apasionante, rayando en la cultura propia expoliada. Pero me gusta emplear ese tipo de palabras, me encantaría estar en los ojos de alguna persona que me este leyendo y darle una pequeña dosis deletérea y contemplar su expresión amorfa. O ver una carcajada de Sandia.

Al lector:

Ponte las pilas. Si no puedo pensar mal de ti.
“Pero que se puede esperar de la gente que mira la televisión con la fe de la jodidencia.”

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